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 Guarda los secretos

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Ithar Ghada Faied
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MensajeTema: Guarda los secretos   Miér Dic 08, 2010 10:11 am

Para la musulmana madura y prudente es obvio que guardar secretos es una de las mejores características que una persona puede llegar a tener. El guardar secretos es un signo de la madurez, fuerza moral, sabiduría, y personalidad equilibrada de una persona. En consecuencia, la musulmana guarda aquellos secretos que el Islam le exige. Esta fue la actitud de las mejores personalidades del Islam, y una de sus más hermosas características.

Uno de los mejores ejemplos de esta virtud y determinación para adherirse a esta cualidad, entre los más prominentes Sahâbah, fue la actitud de Abû Bakr (ra) y de 'Uzmân hacia 'Umar (ra), cuando él les ofreció la mano de su hija Hafsah en matrimonio, después de haber enviudado y su encubrimiento del secreto al Profeta (sws).

El Imâm Bujâri relató de 'Abdullâh ibn 'Umar (ra), que 'Umar dijo, con respecto a lo sucedido después que enviudó su hija Hafsah:

"Encontré a 'Uzmân ibn Affân y le ofrecí la mano de Hafsah en matrimonio. Entonces le dije: ‘Si lo deseas, haré casar a Hafsah contigo'. Él dijo,: 'Pensaré acerca de ello'. Pasaron unos pocos días, luego él me encontró y dijo: 'Pienso que no tengo deseos de casarme justo ahora'. Luego encontré a Abû Bakr al Siddîq (ra), y le dije: 'Si lo deseas, haré casar a Hafsah bint 'Umar contigo'. Abû Bakr permaneció en silencio y no emitió respuesta alguna. Yo me sentía más perturbado con él que con 'Uzmân. Pasaron unos pocos días, el Profeta (sws) me pidió su mano, y se la entregué en matrimonio. Abû Bakr luego me encontró y me dijo: '¿Acaso estuviste molesto conmigo cuando me ofreciste la mano de Hafsah y yo no contesté nada?'. Yo le dije: 'Sí'. Él dijo: 'Nada me impedía contestarte excepto por el hecho de que conocía que el Profeta (sws) la había mencionado, y yo no podía revelar el secreto del Mensajero de Allah (sws). Si él no hubiera decidido casarse con ella, me habría desposado con ella’".[1]

La virtud de guardar secretos no solamente estaba confinada a los hombres de los salaf, también abarcaba a las mujeres e hijos cuyos corazones estaban embargados de la guía del Islam. Podemos percatarnos de este hecho en el relato brindado por el Imâm Muslim de Anas (ra), quien dijo:

"El Mensajero de Allah (sws) fue hacia donde estaba mientras estaba jugando con otros niños. Me saludó, y me envió a hacer un recado. Yo regresé tarde a la casa de mi madre y cuando llegué, ella me preguntó: '¿Por qué has llegado tan tarde?'. Yo respondí: 'El Mensajero de Allah (sws) me envió a un recado'. Ella me preguntó: '¿Qué clase de recado?’. Yo respondí: 'Es un secreto'. Ella dijo: 'No digas a nadie el secreto del Mensajero de Allah (sws)'”. Anas dijo: '¡Por Allah (swt)!, si le hubiera contado a alguien acerca de esto, te lo hubiera contado a ti, Zâbit." [2]

Umm Anas vio que su hijo era sensato para guardar el secreto que le había confiado el Profeta (sws), por eso enfatizó esta actitud sensata diciéndole que no se lo revelara a nadie. De ese modo, Anas no comentó a nadie sobre el mismo, ni siquiera al gran Sahâbii Zâbit al Bunânî, el vocero del Profeta (sws) y uno de aquellos al que se le prometió el Paraíso. Ella no permitió que su curiosidad le hiciera interrogar a su pequeño hijo sobre el secreto que guardaba. Ésta es la verdadera tarbiyah islámica (educación, crianza) y éste es un ejemplo del sublime nivel, por el cual elevó a hombres, mujeres, y niños por igual.

El contar secretos es uno de los peores hábitos que una persona puede adquirir, y la peor forma de este hábito es revelar secretos relacionados con las intimidades de la vida matrimonial. La persona que sufra de este abominable hábito estará entre la peor gente el Día del Juicio, tal como explicó el Profeta (sws):

"La gente más maligna a la vista de Allah (swt) el Día de la Resurrección, será un hombre que íntimó con su mujer, y luego fue a contar a otros sus secretos".[3]

Los asuntos privados deben permanecer absolutamente en secreto, solamente deben ser conocidos por quienes están involucrados. Nadie difunde sus asuntos privados salvo la persona que esté un tanto loca, desequilibrada o fuera de sí y cuya actitud es sucia, vulgar, y desvergonzada. Los hombres y las mujeres musulmanas están protegidos de dicha insensatez por las nobles cualidades que aprendieron de su religión.





[1] Fath Al Bâri’, 9/175, Kitâb al nikâh and 7/317, Kitâb al baghazi, bâb 'ard al insân ibnatahu 'ala ahl al khayr.

[2] Sahîh Muslim, 16/41, Kitâb fada'il al Sahâbah, bâb fada'il Anas. Zâbit es el nombre de un Tabi'i que narró este Hadîzde Anas.

[3] Sahîh Muslim, 10/8, Kitâb al nikâh, bâb tahrîm ifsha' sirr al mar'ah.
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